
Hace ya un mes y tres semanas que te perdí, y aun no he podido pegar los trocitos de mi maltrecho corazón. No te dije lo mucho que significabas para mi. Ni siquiera te dije que en el mismo instante de dejarte ya estaba roto del todo por dentro. Me agobie y me confundí, y ahora ya no te tengo. Añoro nuestros paseos por la playa en pleno invierno, cogidos de la mano y robándonos besos debajo de un paraguas. Ni mas llamadas antes de irnos a dormir, solo para decirme que me querías. Solo queda humo. El humo de la niebla que no me deja ver mas allá de que, en verdad, no sabemos lo que tuvimos hasta que lo dejamos escapar. Ahora, en estos momentos, se que fui un imbécil. Se que no volveré a ser tuyo, ni tu mía. Esta es mi penitencia por no haberte sabido cuidar hasta que ha sido demasiado tarde.
Esta reflexión viene provocada porque anoche la vi. Salí con los de siempre ; Alex, Víctor y Rober, mis amigos. Y en medio de la gente estaba ella. En otros brazos y sumergida en el frenesí de otros besos. Súbitamente comprendí que había cometido el mayor error de mi vida.
Estoy de acuerdo en que nunca fuimos una pareja perfecta.Pero nuestra imperfección era lo que nos hacia ser complemento, ying y yang. Porque amigos, y compañeros de afición, la perfección no existe. Nunca existirá, y aun así el amor es perfecto.

